I
"Nupcias pendientes”
Estarás más hermosa que la lluvia de los bosques,
mirarás con tus ojos-selva a quien regresó del mundo,
quien sufrió entre sierpes y no dejó de soñarte.
El vino retornará al agua de los ríos,
el maestresala vestirá de dios pagano,
y la música llegará de infinitas tierras olvidadas.
Concurrirán como invitados los pájaros del monte,
los grillos, las cobras, las alondras,
el tigre que no dejo de mentar en mis poemas,
incluso, no faltarán la familia, los amigos,
los laicos, los ateos, los pastores de disímiles templos.
El que regresó del mundo
te mostrará en sus plantas y sus manos
las cicatrices telúricas del camino;
los bebedores se irán purificando con el agua,
y en el beso de los novios se conjugarán
los bienes y los dones en sobreabundancia.
II
“Muerte del maestresala”
El que volvió del mundo halló más hiedras en tus ojos que en la selva,
aunque tampoco él regresó purificado,
más bien era su cuerpo polvorín y mugre,
y tú eras para él la posibilidad de una resurrección.
El maestresala, cabizbajo, lo convocó a postergar el idilio,
una sierpe del paraíso le dio a beber de los toneles nupciales
y el que regresó con sueños de guerrero-arcángel
cayó desarmado, desarmado y ebrio,
cayó, y como venido del país del loto
se olvidó del sueño que hilvanó de lejos,
olvidó los ojos poblados de hiedra;
cayó desarmado, y otra vez a los brazos de Magdalena y Circe,
y tú, traicionada, te fuiste alejando más del idilio.
Un día viste pasar frente a tu casa,
como fatal presentimiento, el entierro del maestresala;
iban todos con cara sombría, los grillos, los pastores,
el tigre, los amigos; y en los finales del cortejo
el que volvió desde el país del loto,
quien, pese a su memoria herida,
algún remoto enigma presintió al verte.
El maestresala iba en traje negro de festín con su seriedad mortal,
y sobre su pecho de difunto un bordado inscrito:
“nupcias nunca selladas, solo pospuestas”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario