Al poeta de la Palma Jorge García Prieto
Leía fiel los versos de un amigo
en el sillón de la tarde, soñaba
a trébol y justo un gorrión volaba
y me dejó caer su cruz de trigo.
Pedí que la soledad me podase
con sus cuatro tijeras; y el Orengo?
siempre ahí, dijo el ave, no tengo
ríos en mis recuerdos que olvidase.
También el Sur me parió a mí; y La Palma
es un suburbio con un río, un charco
y un poeta; y el país una canción.
Tan desertor aquel me compró el alma,
del sillón de la tarde nació un barco,
y fue a parar al mar esta ilusión.
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