A Juana Borrero
Ya mis ángeles revelan los crescendos,
el tensar de los arcos en pleamar;
ya los ángeles develan nuestras ascuas
e irrumpen en el centro de la hipóstasis;
hallo a tientas el orco y tus signos,
y en profunda luz te abres,
flor mía, tan honda, que siento a tu través,
remotas las huellas de los argonautas.
Ya mis ángeles descifran tus oráculos
en la noche plena en que eres verbo y la parábola;
Apsara de la luz, tornad los vellocinos olvidados
y los albatros…; vivo ávido de las eras fabulosas
que transcurrieron por tus páramos.
Será que no volverán, ni los turquíes de Darío,
ni las eternidades de Casal;
seas el pulso de todos mis sueños,
Apsara de las plenitudes, amada de mis ángeles
y alma hermana de mis huesos;
tornad a la cuenca final de mi dolor,
sáname este delirio, Ivonne, sánalo.
Ya mis ángeles revelan los crescendos,
el tensar de los arcos en pleamar;
ya los ángeles develan nuestras ascuas
e irrumpen en el centro de la hipóstasis;
hallo a tientas el orco y tus signos,
y en profunda luz te abres,
flor mía, tan honda, que siento a tu través,
remotas las huellas de los argonautas.
Ya mis ángeles descifran tus oráculos
en la noche plena en que eres verbo y la parábola;
Apsara de la luz, tornad los vellocinos olvidados
y los albatros…; vivo ávido de las eras fabulosas
que transcurrieron por tus páramos.
Será que no volverán, ni los turquíes de Darío,
ni las eternidades de Casal;
seas el pulso de todos mis sueños,
Apsara de las plenitudes, amada de mis ángeles
y alma hermana de mis huesos;
tornad a la cuenca final de mi dolor,
sáname este delirio, Ivonne, sánalo.
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