Besaste mi rostro delante de Cristo en una capilla de la Habana Vieja,
besaste mi rostro y el beso se hizo verbo, y el verbo un ensueño de delirios posibles;
desde entonces supe que era tu carne predestinación de la mía;
que se desbordaría el mar, que andaría la ciudad detrás de tus nubes;
que en las mañanas musitaría tu nombre y añoraría encontrarte;
desde entonces los días fueron pascuas que convocan tus signos.
Niña que besaste un rostro de mundo frente al altar sagrado,
qué inmensa alegría cuando tu luna se incendió debajo mi vientre;
cuando la música toda nació de tu piel desnuda, de tus senos en fuego,
de tus labios en danzas macabras, de tus pierna abiertas al cauce de los ríos.
Yo no sé otra cosa que convertirme en río e invadir las praderas que bautizan tu carne;
yo no sé más que soltar los caballos etruscos, desatar por ti un tsunami;
porque es una grandiosa fiesta penetrar a tu través el universo,
y danzar y danzar; y percibir debajo revuelo de palomas en orgía.
yo danzo, tú vuelas, la luna libera delirios misteriosos
y ya a punto de desbordarse el Misissipi
suelo salirme de ti para besarte la sagrada hondura,
para dibujar olas del mar y círculos en tus órganos de fuego;
dónde estaba tu sexo todo este tiempo sin mí?
Qué huella invisible te habrá esculpido mi lengua?
Después regresaba a adentrarme en la fiesta,
volvía a danzar con las carnes ancladas,
las banderas a toda asta, sincronizados los remos.
Todo es delirio y fiesta dentro de ti;
Es el tiempo de pascuas que hasta el universo copula.
De cuántas moléculas nuevas se llenará nuestro cuarto cuando nos amamos;
todo es fiesta y delirio, y en el instante cósmico
que se derraman las aguas y huyen las palomas,
una plenitud de ángel empieza a posarse sobre los cuerpos.
Niña que besaste un rostro de mundo, no hay peor castigo que alejarme de ti,
por suerte, las campanas de una antigua capilla seguirán retumbando por nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario