Estaciones


 I
Algunas llegan lluviosas y nos inundan los bríos
de amorosa humedad,
después se van
y nos dejan inmersos en una profunda sequía;
algunas son como fiestas de sol,
nos doran la carne,
se hierven las venas como playas de estío,
luego se nos van
y bajo la resaca se nos enfría la vida.
Algunas llegan con brazadas de vientos,
y aprendemos a amarlas
entre hojarascas y torbellinos,
pero cuando se van
dejan una calma brutal de sepulcro.
Algunas son hijas de la primavera,
nos renuevan las ramas dormidas;
retumba desde los campanarios
un alboroto de aves en celo,
olores de orgías, noches centellantes,
ah, pero se nos van,
y las campanas se callan,
y las aves desertan,
y un silencio de luto acaricia la noche,
y en el centro de su propia sombra un cuervo nos grazna:
“Todas vienen, todas parten,
como estaciones”.

II
La exvirgen Regla se dispersó en su quejumbre,
la cónyuge infausta pereció de reproches,
la ardiente Eva agotó sus esencias,
la del balcón pueril desvaneció en sus alturas,
la bruja de Potter voló para siempre,
la voluptuosa mulata angostó inevitable,
la palestina no halló sitial en mi reino,
Niurka languideció en tintura de pelo,
la consoladora carnal no duró ni una noche,
la rubia profunda se fue al Canadá,
la colegial de derecho fracasó entre sus leyes,
la adolescente imprevista se descolgó de mi boca,
la lujuriosa María no volvió por mis guardias,
la trémula Odalis silenció sus gemidos.

Todas vienen, todas parten,
como estaciones.

Nov. 1992

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