Qué nostalgia de algas dejaste, querida;
qué humedad tan próxima a las resurrecciones;
qué esperarte siempre detrás de una puerta
y verte y no verte,
y sentirte y no sentirte;
somos nubes, querida, somos nubes,
breves densidades que “alguien” dispersa,
somos dioses, querida, somos dioses,
esos dioses humildes de lo cotidiano.
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