Eclipse de luna


Epifanía

Todavía eres quien conduce 
la música hasta los reyes magos…
De tanto transitar la fuente blanca del ciprés
caí en el valle del olvido,
suerte que dejé algunos signos en las piedras
y mis labios en el agua,
suerte que tus pájaros lo encuentran todo,
suerte que no olvidé tus cantos.

De tanto vagar por el sueño y el placer
quedaron ebrios mis sentidos,
por suerte eres aún quien convoca a los delirios,
y quien conduce la música, tu música, mi música. 


Eclipse de luna

Te espero vestida de luna como lo inevitable.
Hubo un eclipse en noviembre
que fue mutilando la luna a pedazos,
sangrándose en sombras heridas de cielo,
dejando sin luna la noche, mis sueños,
el deseo ardiente de luz, la ternura;
sin luna se quedan mis cuartetas ambiguas,
la brisa, las flores,
el vicio de ir trasnochado a tu orgasmo;
sin luna me espera la casa, los libros,
ya tropiezo con todo como en apagones;
sin luna estarán las persianas, los techos, los gatos,
sin luna estaré cuando te me vayas.


Espectresas
 

…y si detrás de la puerta
solo nos queda el misterio,
la noche desde su imperio
infinito, el cuervo alerta,
¿quién ampara o quién despierta
mi cuerpo en tenue abismo?
Y si después del priapismo
sólo quedase el letargo,
¿quién me amará con amargo
germinar y platonismo?



Garza

Ayer sus ojillos de roca y de algas
pasaron frente a los míos,
rondó las orillas de mi pobre charca
y no volvió más… creí que la suerte era un triángulo blanco
sobre el cuerpo de un río;
_ ¿para qué desearte si después te me pierdes?
ay, garcita, regresa,
no busques perlas donde no hay nada,
tornad a las orillas y llena de alas mi soledad.

Giselle

Nació Giselle
venga la alegría,
venga el buen amigo 

a beber conmigo;
dancen danzarinas
al compás del viento,
que nació mi suerte
del vientre amoroso,
que nació Giselle
y estoy como un loco,
salto, lloro, beso a mi mujer,
doy mil gracias a la vida,
porque nació Giselle,
con grandes ojos negros,
porque nació Giselle,
tierna, bella y violenta,
con soberbias ganas de nacer.


Sin mirarte te veo

Sin mirarte yo también te veo,
sin tocarte también te siento;
sin escuchar tu voz suelo escucharla,
sin que me llegue tu aroma,
respiro tu aliento;
y sin presentirte y apenas soñarte,
sé que estás cerca,
sé que te tengo.


La reina está al llegar

La reina está al llegar a mi trozo de universo y paraíso,
a mi huerta de pájaros cantores y delirios,
y a este místico furor;
la reina está al llegar y no sé dónde esperarla
y cómo abrir,
no sé cómo vestirme para amarla. 


Maricel y los duendes

Esta mañana no fue de sol, fue de milagros
y en los corrales besaba el mago los duendecillos que despertaban,
“vamos muchachos, que viene el año”.
Y Maricel, crepuscular, se dejó ver desde mi alba,
breve y alada como la luz,
fue un estallido de primavera sobre diciembre
que en nubedumbre se desvanece;
yo amé a una ninfa de fin del siglo,
y esta mañana la pude ver,
tan pueril que me anidé en abriles,
pero los duendes me contuvieron:
“el tiempo pasa, señor, y hasta el amor”
no vuelvas más, Maricel, con tus hechizos.

 

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