Disipación



                                                                                                                 A Cintio Vitier

Soledad

 
Comparto mi porción de sombras de framboyán y nubes,
comparto un coro de avispas, y no llega nadie;
resguardan mis arcángeles una noche de dioses desnudos,
un silencio como espolones de luna,
un grial presto a derramarse,
las largas horas que conforman la eternidad,
y un obstinado pesar flameando en el viento.

Otoño

No me ves en la piel las marcas que dejan al caer las hojas;
madre no olvida aquel viento venido desde un océano turbado,
el otoño nos cedió etéreas cicatrices,
un aroma a lluvias melancólicas que se empotró en los muros y los huesos;
el otoño nunca partió, enturbió para siempre nuestras miradas.

Caminos

A los pies de los cerros un sendero infinito de bueyes,
y sobre su cópula de ramas y nubes
un pasador de aves hacia un horizonte imposible;
por las crestas de mar invisibles caminos,
y detrás de la última estrella se entreven nuevas lumbres,
el destino es una escalera sin fin
como espirales de torre,
más un día te deja petrificado sobre algún peldaño.

Himno

Pregunto:
dejarías el cuerpo morir en la cruz por dejar escrito un verso;
por la simple ambición de que una rosa de tu alma
sobrenade, baje por la corriente,
a que alguien la encuentre alguna vez,
o tal vez nunca; dejarías el cuerpo arder
para que el fuego de tus huesos
sea la luz en el alma de otros cuerpos.

Suprema


Entiendo ahora que he estado preparándome
a tu encuentro como un caballero medieval;
amé, vencí leves contiendas,
arriesgué toda mi alma en furtivas pasiones,
hasta descubrir a orillas de los mares señales de ti;
no logro imaginarte, pero percibo la música
que avanza, la figuración jamás sentida,
sé que te aproximas, el alba arranca diáfanos tonos
y no martirizan ya las gélidas noches;
sé que te aproximas, y temo no estar apto aún
para cuando se abran los páramos
y se vuelva cotidiano el milagro.

Aurora

Brutal celeste luz que azuza los tiernos ángeles de la madre-noche,
brutal celeste luz, súbito naufragio, justo en el abrazo de la ondina,
o en la revelación de un sortilegio egipcio.
Brutal celeste luz, dardos de fuego,
visión más engañosa cuanto se vuelve más real;
ángeles de la madre-noche, no partan,
o al menos dejen las estelas del sueño,
tintes de los labios o trozos de metales;
brutal celeste luz, con cuánta vehemencia me despojas.

Pasión
 

Qué formas tan imprecisas de dejarse ver,
qué sueños tan escabrosos para ser soñados;
llegas como el equinoccio anunciando severos aluviones;
así pareciera venir un desborde de nubes y mares,
un diluvio con ventadas de mujer,
pero a poco dejan de espantarse las aves
y vuelven a sucumbir de sed los tubérculos en la sabana.

Melancolía

Sufridos instantes que se hunden de cuervos,
trágicas adolescentes que pasan sonámbulas
hacia el viejo campanario de las premoniciones,
al rato se escuchan enfermizos quejidos,
sonidos de difuntos o amores que agonizan
sobre el pecho de la noche,
luego un latir de trémulas conchas,
las alas caídas, y nieve en la mirada.

Alondra

Alada esperanza, ¿cuándo reapareces?
alada metáfora encima de los dolientes mundos;
no sé si fuiste un sueño que atravesó mi tristura,
pero aguardo a que resurjas de las copas de cielo,
aguardo ese milagro que sucumbe los océanos
y revela de trasfondo otros parajes, nuevos reinos de la luz.

Mujer

Aquellas de Zaida con torso de pájaros
son reminiscencias de eras de ensalmos:
Eva costal y paloma
aprehendiendo un olivo en los labios de amar,
después que los suelos desvanecieron las aguas;
igual consigo percibir
que estás más próxima a las eras fabulosas
que a esta, cual perece día tras día
sin mito, sin ensalmos.

Familia

 
Los metros profundos de osarios en letargo,
entrañables despojos, más vivos cuánto más se asemejan al polvo;
el hogar que allende los mares el renegado entreabrió
con sangre de la propia sangre;
los hijos de un matrimonio en pedazos,
el tío que quedó fuera de los días,
caducando, solitario;
los hijo de la esposa, ella venía dando tumbos
desde otros sucesivos matrimonios en pedazos;
la mesa del comedor, donde un día estamos todos,
y al siguiente alguien nos falta.

Brújula

Del este de prados maternales se angustian los recuerdos y se nutren mis olvidos,
las venas de mis plantas son púrpuras de ríos sobre el pedregoso sur;
al norte se condensan los peces promisorios,
al norte ultramarino, al norte a donde parten
las bandadas de aves y las ilusiones.
En cambio, el oeste es una trágica nostalgia,
un punto crepuscular más improbable
que la góndola dorada en que Amón desaparece.
Entonces, qué viento cardinal trazará mi rumbo
hacia la selva intrínseca, hacia las praderas milagrosas de mi ser.

Polígono

En mi polígono de nieves pasa la aurora,
calienta el perfil de las persianas y clava el resplandor
en las tipografías y los anaqueles;
sí, Borges me condenó a presentir la respiración de los demiurgos,
a gravitar a cada noche por las malditas espirales,
mi casa es una maldita biblioteca,
ni esposa ni hijos,
solo el clamor de las ciudades encuadernadas,
solo heroínas suplicando dentro del fuego de las escrituras.

Disipación


Quién eres, que apenas consigo mirar y te disipas,
quién eres, misteriosa ave; de qué sustancia esta hecha
tu cuerpo real y tu cuerpo de ensueño;
opté por buscarte en los parajes sagrados,
pero ni en ellos te trasluces enteramente;
te he soñado adosada a un románico pórtico
y a los pies de una cruz bizantina.
¡Por Dios!, que intenté encontrar los indicios,
si quiera tenues, en los retablos santorales;
pero quién eres, si estás y no estás
en la vidriera tornasol de las marías,
y desde los ojos del mártir suplicante
a poco me estremeces y a mucho te disipas.

Nocturno

Rarísimos jirones entretejen la noche,
briznas de azucena, largos de silencio
entre arias que se desprenden dulcemente
de los recónditos pozos; allá donde fermentan
miriadas de insectos inimaginables;
ah, pero no estaría completo el ciclo de la noche
sin los aromas lúbricos, ni las suaves fricciones del aire
bajo las persianas;
y sin ese deseo interior que la amargura convirtió en libélula.

Tardanza

Alevosa una brizna del viento escribe que demoras,
alevosa; un minúsculo paso sobre las hojas de otoño,
tristísima tardanza, tendré que esperar a que pase la lluvia,
tendré que sujetarme a las ramas de un árbol
a las piedras del camino, aprender a hablar a solas
por los terribles pasillos de la noche;
no sé si es peor saber que no existes,
o creer férreamente que algún día llegas.












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