“La mano o el labio o el pájaro nevaban…”
J.L.Lima
Danae oyó caer la ansiada lluvia
en la blanca torre; y Danay, esperas
bajo los frutales de primaveras.
Danae descubrió su piel, la rubia
trenza abrió y una incognoscible mano
suavizó la seda, y Danay, retozas
como las ninfas que se vuelven diosas,
como un místico cuadro de Tiziano.
Danae alcanzó el fuego bajo un oro
de lluvia, oro que incendió los valles,
la sangre, sus labios. Danay, las calles
junto a ti parecen prados; el oro
de la lluvia quiere asirse a tu marcha
y en besos de cielo tornarse escarcha.
2010
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