Nupcias
Me casaré en abril un día cualquiera,
un día de paz o un día de ansiedades;
retornarán a mí alondras blancas
con sus revuelos avizores y sus cantares para orgía;
será mi esposa la esperanza
que a puro beso la seduje para siempre,
y estará por siempre el amor en mis espacios,
donde un gato gris bostezaba de silencio.
Yo nací en octubre
Alma bravía y violenta para octubre que se acerca,
fiero, iracundo, con lluvias abominables;
los días no escampan, solo aligeran su ímpetu
y luego arremeten como si nunca hubiese llovido;
yo nací en octubre entre espasmos otoñales
y amo ver precipitar las hojas secas
en torbellinos por el patio.
Ambivalencia
¿Cómo me salvo de esta ambivalencia sutil del instinto
y de doble cuartada?
¿Cómo domar mis adúlteros bríos,
si reclamo dos cuerpos, me poso en dos besos
y me juego la vida.
¿Cómo me salvo de esta ambivalencia
corpórea y letal de mis pobres codicias?
Apacuama
La mujer que invoco puede llegarme de un país carbonizado
o desde un paraje sin sol;
Calentará sus manos sobre los leños de la noche
En paredes de adobe;
pensará en mí bajo un recóndito silencio
de boca de lobo… se llamará como la misma tierra
y será limpia su mirada como la húmeda tarde.
Ciertos aires nos invaden aún
Ciertos aires nos invaden aún,
cierta brisa de ecos y alientos,
zumbidos de abriles, gemidos carnales;
cierta poesía alada nos ronda todavía la casa.
Ciertas palabras mantienen su acento,
ciertos arrebatos mantienen su encanto;
ciertos enigmas, ciertas ilusiones
engrandecen aún el misterio de amarte.
Damary
Damary es nombre de ciudad,
de cierto atardecer sin prisa ni escampada,
de voces en el parque, aroma que corre por las calles;
y mi pecho es fiesta aún, un canto de aves y esperanza.
De mis huesos a la vida
Una mujer registraba cementerios y halló
mis restos en el último hueco de la vida al amor.
Profanóme el reposo con mi carga a sus hombros,
yo. era hueso, no más,
y me hizo falo y fui beso. De un féretro yo vi nacer flores y sé que amparar reivindica,
dame amor, corazón, que soy polvo y soy paz,
y que venga la vida.
Una mujer casi siempre nos salvó de la muerte,
yo era hueso, no más,
y me hizo falo y fui beso.
Interminables nupcias
Lleva al corazón de los demás
tu procesión de ángeles
y haz una fiesta en el epicentro de los demás,
interminables nupcias;
vuelve el agua en vino como en las eras milagrosas de Dios;
lleva tu corazón al corazón de los demás,
sino, ¿cómo vivir el pálpito?
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