Epístola en una botella a mi hermano Simbad


                                               (Fragmentos que fueron salvados)

…a sorbos que te corroen; y harto ya de las madréporas
decías además: debo ver los coros de nieve
desprenderse en gongorinas pautas,
¡oh “néctar ardiente que me abraza el seno…!”
Y dejarte conducir por hermosas remeras
hacia la misma voluptuosidad del mar;
te desisla, de tanto en tanto te desisla;
hueles a peces de cuaresma
no obstante atravesar Valencia o Barcelona
hasta un Domingo remoto de costa y guijarros,
juegas al póquer; y por aquí…
sólo a veces nos torcemos en caracolas de ultramar por socorrer;
te desisla,
acaso no te alcanzan fermentadas amplitudes nuestras,
o acaso al escapar te seas rotundamente fiel;
por aquí los líquenes apuestan a inventarte,
mientras vámonos tragando
a sorbos de dolor y de silencio
todo el salitre… madréporas, madréporas…
y si viésemos los coros en gongorinas pautas
o el arca de remeras hacia la misma voluptuosidad…
¡oh néctar ardiente abrázame el seno!
y libértanos de musgos y del óxido que adentro,
en la pura noche, nos corroe y nos desisla,
absolutamente nos desisla;
y digo más: madréporas, madréporas,
madré… tal vez los líquenes apostarán por mi…

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