“Mitologías del mundo, uníos” Eva redescubrió el camino del Edén,
pero ya no le importa regresar;
Eva tiene la carne fervorosa como en el sexto día.
Pandora llegó en el tren de media noche,
trajo una vieja maleta, de aspecto infernal, parecida a un baúl.
Eva va hacia mí desnuda y sensual como en un cuadro de Durero,
(ya es consciente de su desnudez).
Pandora abre las presillas de su pelo y sube a la maleta para empezar un striptease.
Eva se lleva a la boca la manzana -lástima que el Génesis omite los detalles-;
un laúd renacentista guía la danza pulposa de su lengua,
y sobre el baúl la hembra griega sigue la melodía con los giros de su cuerpo.
Buenaventurado quien tiene tan cerca la cabeza de la hija del Edén,
y su lengua bendita haciendo círculos de fuego.
Haces de luna caen sobre los hombros de Pandora
mientras la ropa va saliendo de su cuerpo con armonía de ángeles,
es música sacra, y el amarillo lunar va revelando las más ocultas siluetas;
hermosa es Pandora, y los círculos de fuego me acrecientan las ansias del paraíso;
se detiene el laúd, y Eva también detiene su oratoria renacentista,
da un giro total, se coloca en pose de loba que espera,
la griega se acuesta sobre la infernal maleta de vientre hacia arriba,
vuelve a irrumpir la música
y caigo pleno de ímpetus sobre la loba hebrea,
y mientras invado esos corredores dorsales
Pandora baja las bellas manos de mitología clásica a la raíz de sus entrepiernas,
y allí, en el delta de todos los ríos busca con sus dedos oscuros deleites.
Eva no se cansa de la música y el impulso que le invade hasta el fondo de su carne,
ahora entiendo el porqué de la expulsión del Paraíso;
fue entonces que decidí compartir el fuego con la hembra de Zeus
y casi generé un conflicto cosmogónico entre ellas.
Eva tuvo que ceder, dejar salir el pneuma vital de sus corredores;
Pandora no se inclina, no me entrega sus dorsales, va de frente al fuego,
agarra con sus dedos clásicos la tea henchida
que lleva a su fondo grecorromano con elocuente estilo;
Pandora de pie recibe la armonía sagrada,
El laud consigue los tonos más intensos,
Eva con sus dedos torpes
juega al soliloquio de su propio sexo,
el laud alcanzó el cenit y Pandora libera estrellas,
gemidos, cantatas, bruscas obscenidades, delirios
que se van suavizando junto con la música, hay un deleitoso descenso
que recuerda al arpa con que se adentró en los ínferos Orfeo.
Eva apaciguó también la danza digital,
aunque no transpiró la magnitud del goce añorado,
y la sierpe del Edén vino a incitarle al segundo pecado original,
-ese versículo lo desaparecieron los recolectores de las Santas Escrituras-.
Fue entonces que la mujer de Adán en vez de ir a adherirse a mí
y recuperar el pneuma o paraíso perdido, se abrazó a la hembra griega.
Pandora aún se deleitaba con los últimos tonos del arpa,
seguía recibiendo el fuego, de pie como escultura neoclásica
hasta que cesó la música, y me fui saliendo, me fui recogiendo,
mientras que la hebrea se posicionaba más en el ámbito grecolatino;
la hija del Edén tenía dedos diestros para surcar la carne de Pandora;
la hija del Edén subyugó a la hembra del Olimpo,
alborotó los páramos con la danza macabra de sus manos,
la música venía del arpa de un Orfeo que hacía estremecer a los dioses de la muerte;
la hembra del Olimpo se sacudió otra vez de estrellas y delirios,
sus gemidos surgieron con un tono aterrador…
Al día siguiente estaba solo en la habitación,
algunas botellas vacías, prendas de mujer
y abierta la infernal maleta de Pandora.
Agosto 2016
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