Aguas de Dulce

                                                                                                A Dulce M. Loynaz
         I

En las crestas de agua ella
espera irse transformando
en pez, o irán escapando
las algas si el frío sella
la casa; pero la estrella
marina tiembla, Marina
guarda el invierno en la esquina
eterna y tibia del río,
hasta que seda el estío
tanto temblor de fibrina.

     II

Algo desemboca en mí
y no es el mar, ni los nardos
clausurados sobre pardos
montículos, quizás oí
la lluvia en arpa y sentí
un temblor de escamas; roca
soy, y algo se escurre y choca
cerca de mí, algo que ya
no es nube o torva y se va
lozana en cascada loca. 


          Capilla de Dulce María

Se nos sigue derrumbando la capilla de la Quinta Canaria,
se cubrió de escombros el ábside y la cruz,
a los frescos sagrados se lo comen los musgos,
el techo de Dios se cayó hace un sinfín de soles;
las ventanas románicas perdieron sus vitrales
y al púlpito ya no llega la luz espectral;
se desmoronan los torreones y los arcos de medio punto,
y solo llegan a misa las aves fugaces de la ciudad.
Ya no quedan los restos de altares ni Cristos,
ni tampoco el recuerdo nupcial de Dulce María; 

se fue cabizbajo su fantasma triste,
clausuró la puerta de la capilla y jamás volvió.


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